| Homilía de Mons. Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, en la Misa de inicio de su pontificado | ![]() |
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Basílica de Santa María del Mar, 18 de julio de 2004
Con gozo inicio hoy mi ministerio episcopal en esta querida Iglesia metropolitana de Barcelona en la que he recibido el bautismo-esta Basílica de Santa María del Mar me recuerda entrañablemente-, la vocación sacerdotal, el ministerio presbiteral y episcopal. Vengo a todos vosotros con una actitud de agradecimiento y para general posesión de mí. Soy consciente de que el encargo que el Santo Padre me ha confiado consiste en amar y servir esta Iglesia que tiene unas raíces antiquísimas y que carencia para ser siempre fiel al Señor para anunciar la buena nueva de Jesús a los hombres y mujeres de nuestra sociedad.
La palabra de Dios de este domingo ilumina de manera muy diáfana el ministerio del obispo diocesano y el trabajo de todos los miembros de nuestra Iglesia diocesana. El apóstol Pablo nos ha dicho que es servidor de la Iglesia para que Dios le ha confiado la misión de anunciar a Jesucristo a todos, sin hacer distinciones. El servicio más preciado del obispo es el anuncio creyente, fiel y gozoso de Jesucristo.
El Señor me envía a vosotros a evangelizar. Toda la Iglesia de Barcelona ha recibido del Señor el encargo de anunciar la buena nueva. Hoy es urgente y muy necesario dar a conocer a Jesucristo a los hombres y mujeres de nuestra sociedad profundamente secularizada. Catalunya no está al margen de las corrientes culturales de Europa occidental y participa de su proceso de descristianización. La Iglesia ha de ofrecer el bien más precioso y que nadie más puede darle: la fe en Jesucristo, fuente de la esperanza que no defrauda. La fuente de la esperanza para nuestra archidiócesis, como para todo el mundo, es Cristo, la Iglesia es el canal a través del cual pasa y se difunde la ola de gracia que brota del corazón traspasado del Redentor.
La finalidad del concilio provincial Tarraconense ha sido precisamente esta: como evangelizar, hoy, nuestra sociedad catalana. Y para lograrlo tenemos que mirar toda la realidad eclesial y social de nuestro país con una inmensa simpatía, con la mirada del Buen Pastor (cf. Concilio provincial Tarraconense, Prefacio). Así lo afirma el documento episcopal "Raíces cristianas de Cataluña".Juan Pablo II, en su encíclica misionera, decía que los cristianos "son signo del Evangelio incluso por la fidelidad a la patria, al pueblo, a la cultura nacional, pero siempre con la libertad que Cristo ha llevado", y dirigiendo en Cataluña, con motivo de su milenario, afirmó: "Cabe señalar que la acción de la Iglesia ha ido configurando el pueblo catalán con todos los rasgos propios: culturales, sociopolíticos y económicos. Esta herencia "-continúa afirmando el Papa-" os llama a todos a acrecentar las virtudes cívicas, humanas y cristianas que han distinguido a los hijos y las hijas de Cataluña. "
Todos somos muy conscientes de las dificultades que tenemos en el trabajo de la evangelización y de la actividad pastoral. Estas dificultades las experimentan más los sacerdotes y con fuerza medida los demás fieles que están más comprometidos en la pastoral en el seno de las parroquias, comunidades, instituciones eclesiales y en medio de la sociedad. Comprendo vuestra fatiga e incluso su desencanto.Muchos de vosotros vivís en su interior el dolor que ocasiona siempre una modificación de la circunscripción de la archidiócesis. Sin embargo me complace poner de relieve su entrega generosa a la Iglesia que estimen, su celo empapado de caridad pastoral y su servicio constantemente renovado y animado por la adhesión personal a Jesucristo muerto y resucitado. Te doy las gracias y os digo que estoy y estaré siempre a vuestro lado para compartir como propias sus alegrías y sus tristezas.
El Génesis nos ha recordado como Abraham y Sara deseaban freturosament un hijo, el hijo de las promesas reiteradas de Dios. Qué alegría no tendría Sara, ya anciana, aquel día que preparó los panecillos, cuando el huésped divino le dijo que cuando volviera el próximo año ella tendría un hijo! La venida acción de Dios siempre es desconcertante y da confianza ante todas las dificultades.Deseo, queridos, que Cristo resucitado llene siempre de serenidad, de esperanza y de ilusión nuestros corazones y el trabajo que realizaremos conjuntamente en la Iglesia y en la sociedad. El Señor de la gloria nos ha prometido que estará con nosotros día tras día hasta la consumación del mundo.
Para vivir esta presencia de Cristo, cabeza y pastor, en la Iglesia y en nuestras comunidades eclesiales, hay que acoger y escuchar a Jesús como lo hizo aquella familia amiga de Betania. El evangelio de hoy nos lo recuerda. Esto nos lleva a alcanzar la santidad, que es la vocación primera y fundamental que el Padre dirige a todos los cristianos en Jesucristo mediante el Espíritu. Los santos y santas de nuestra archidiócesis, desde Santa Eulalia hasta San José Oriol, son los testimonios más espléndidos de la dignidad conferida a los discípulos de Cristo. Me complace poner de relieve el testimonio del Dr..Pere Tarrés, miembro de la Federación de Jóvenes Cristianos, médico y sacerdote de este presbiterio diocesano, que el próximo 5 de septiembre será beatificado por el papa Juan Pablo II en Loreto junto a dos militantes de la Acción Católica italiana.
Realizar un trabajo pastoral que dé prioridad a la oración, personal y comunitaria, significa reconocer la primacía de la gracia. Hay una tentación que acecha siempre el camino espiritual y la acción pastoral misma: pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y de programar. Quizá por eso Jesús dijo a Marta que estaba preocupada y nerviosa con tantas cosas, pero que sólo hay una necesaria: escuchar a los pies del Maestro su palabra.
Partes los cristianos tenemos el reto de hacer de la Iglesia-es decir, de cada uno de nosotros y de todas las realidades eclesiales-la casa y la escuela de la comunión, si de verdad queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo. Esto nos pide a todos vivir una auténtica espiritualidad de comunión.La Iglesia aparece más como una comunión si cada comunidad cristiana es capaz de acoger todos los dones del Espíritu. El Papa afirma que "la unidad de la Iglesia no es uniformidad, sino integración orgánica de las legítimas diversidades, es la realidad de muchos miembros unidos en el único cuerpo de Cristo" (Al inicio del nuevo milenio, 46 ).
La Iglesia tiene que vivir un amor preferencial por los pobres. Recordando mi lema episcopal - "La caridad de Cristo nos urge" -, deseo hacer presente que esta consideración paulina nos mueve a amar a Dios y al prójimo ya no separar nunca estos dos amores. No somos del mundo, pero vivimos en el mundo y amamos el mundo creado por Dios y queremos realizar su plan creador y redentor. En este sentido, el concilio Vaticano II afirma que "los cristianos han de buscar y saborear lo que es de arriba, lo que no disminuye, sino que más bien aumenta, la gravedad de la obligación de trabajar con todos los hombres en la construcción de de un mundo más humano "(Gaudium et spes, 57).Queridos laicos y laicas, esté muy presentes como cristianos en el mundo. El Señor os confía especialmente este campo de su viña, y es asumiendo este compromiso que estime Dios y los hermanos.
Vengo de la venerada Iglesia metropolitana y primada de Tarragona que me acogió con actitud de afecto y de colaboración y que me honro de haber servido con mi ministerio episcopal. Esta sede metropolitana de Barcelona que el Señor me confía debe trabajar bien unida con la de Tarragona para continuar e intensificar la pastoral de conjunto que se está realizando al servicio de la Iglesia en Cataluña. Como un eslabón más de la larga sucesión apostólica de esta sede, vengo después del Sr. Cardenal Ricard M. Carlos, que ha dedicado con solicitud apostólica catorce años de su ministerio episcopal al servicio de esta porción del pueblo de Dios. Colaboré con él como obispo auxiliar en esta sede durante un tiempo al inicio de su pontificado. Le agradezco, Sr.. Cardenal, su entrega. Mi agradecimiento se dirige también al Sr. Obispo Auxiliar Mons.. Joan Carrera por su constante trabajo al servicio de esta Iglesia;para mí y para la archidiócesis, D.. Obispo, será una ayuda muy necesario y muy valioso. Un saludo cordial a quien ha sido hasta ahora obispo auxiliar, mons. Pere Tena Garriga. Tengo también presente el servicio realizado por el Sr. Administrador Apostólico Mons.. Josep Àngel Saiz. Mi recuerdo va dirigido ahora a los antecesores míos ya traspasados, de una manera especial a quien serví más de cerca como vicario general y luego como obispo auxiliar, D.. Cardenal Narcís Jubany Arnau.
Cuento con todos vosotros, diocesanos, y confío plenamente en su colaboración constante y generosa. Me dirijo, en primer lugar, a vosotros, muy queridos presbíteros que seréis siempre los más íntimos e inmediatos colaboradores de mi ministerio episcopal. El pastoreo de la archidiócesis lo haré siempre con vuestros consejos y vuestra participación. Hay entre todos nosotros una profunda relación sacramental, ya que por el sacramento del orden participamos del mismo sacerdocio ministerial de Cristo. Procuraré que encuentra siempre en mí un amigo, un hermano y un padre. Os quiero a todos por igual. Tendrá bien abiertas las puertas de mi corazón y de mi casa, siempre ya cualquier hora.Los diáconos estarán muy cerca de mi ministerio, ejerciendo el servicio que caracteriza el don sacramental que han recibido en bien de la Iglesia diocesana.
Los seminaristas de nuestro seminario es la joya de la Iglesia. Vosotros habéis acogido con generosidad y valentía la llamada que el Señor os ha hecho de servirle a él ya la Iglesia en un futuro próximo en el ministerio presbiteral. Invito a todos los queridos jóvenes de la archidiócesis que consideren la vida como un don de Dios y que escuchen con disponibilidad la llamada de Jesús.
Queridos religiosos y religiosas, de vida contemplativa y de vida activa, hombres y mujeres de vida consagrada. Vosotros engalanan nuestra archidiócesis viviendo fielmente su respectivo carisma y trabajando en diversos campos de la Iglesia y de la sociedad, contribuyendo así en la edificación de todo el cuerpo místico de Cristo buscando el bien de esta Iglesia particular. Para mí será siempre unos miembros queridos y valiosos de la Iglesia y desde su vida comunitaria pediré y agradeceré su colaboración en la pastoral diocesana.
Mis palabras llenas de afecto van ahora dirigidas a vosotros, laicos y laicas de la archidiócesis de Barcelona, que se sienta Iglesia y que participéis en el seno de las parroquias, movimientos, consejos e instituciones eclesiales, y que está comprometidos como cristianos en las realidades de la sociedad. La diócesis necesita vuestra participación y colaboración y esmerçaré tiempo y dedicación para todos vosotros. El trato familiar y constante entre nosotros debe ser motivo de esperanza, de un provecho eclesial bien abundante y de un refuerzo más espontáneo de la obra pastoral. Tengo muy presente en mi oración y afecto a los enfermos, los pobres y los marginados y todas las personas que sufren por diversos motivos.
Agradezco al señor Nuncio Apostólico de Su Santidad su participación en esta celebración y la imposición del Palio esta mañana en la Catedral por encargo del Santo Padre. La comunión con el sucesor de Pedro será siempre el signo de una realidad profunda: la de sentirnos Miembros de la Iglesia de Jesucristo extendida de Oriente a Occidente, ya la vez enriquece nuestra conciencia de catolicidad.
Deseo agradeceria també al señor Cardenal de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, a los señores arzobispos y obispos su participación en esta eucaristía como expresión de la colegialidad afectiva y efectiva que propicia un fecundo trabajo eclesial. Gracias, de una manera especial, a los obispos de las diócesis que tienen su sede en Cataluña, a todos ellos reitero mi servicio al trabajo conjunto en bien de la comunión y de la misión de nuestras Iglesias.
Agradezco al Muy Honorable Señor Presidente de la Generalitat, el Muy Honorable Señor Presidente del Parlamento de Cataluña, al Sr. Alcalde de Barcelona, al Sr. Presidente de la Diputación y todas las demás autoridades su atención y deferencia para hacerse presentes y para participar en este acto. Corresponc a su gesto con mi agradecimiento y con el deseo de colaboración leal, desde el ángulo que me corresponde, a su dedicación al bien común.
Gracias a mis hermanas, sobrinos y familiares, y especialmente a mis queridos padres, que por la comunión de los santos han estado muy cerca nuestro.Siempre he encontrado en la familia el apoyo y la ayuda empapado de amor que todos necesitamos en la vida.
Mi agradecimiento se dirige a los sacerdotes, religiosos y religiosas y laicos y laicas de la amada archidiócesis metropolitana y primada de Tarragona y de las otras diócesis que ha querido acompañarme en esta entrañable celebración. Que Dios os lo pague.
Que María, bajo las entrañables advocaciones de la Virgen de la Mercè y de la Virgen de Montserrat, interceda con amor maternal en el camino que juntos empezamos al servicio de la Iglesia que peregrina en Barcelona.













